Asumes que cuando te vas a lavar las manos tienes dos opciones: hervírtelas con agua caliente a casi 90 grados o convertirlas en dos cubitos de hielo.
Sabes el significado de CCTV, Council Tax, ID y NINO.
No consideras nada extraordinario que en el mismo sitio puedas comprarte un sándwich de cangrejo, tabaco, cerveza, una chocolatina y un paquete de paracetamol.
Te parece increíble (y hasta te molesta) que un día al año (el día de Navidad) no haya nada abierto aunque sea por unas horas.
Entras en un baño, y para encender la luz o ducharte no buscas un interruptor o un grifo, simplemente tiras de una cuerda.
Dices “sorry” constantemente, incluso cuando te pisan en un concierto, te empujan en el autobús o te quemas tú mismo con el horno.
Cuando a las 11.30 ya estás pensado en el “lunch”.
En el último mes no has comido cocido madrileño, fabada asturiana, paella o caracoles.
Sin embargo, en la última semana puedes haber comido un bocadillo de pollo con nueces y uvas, un sándwich de gambas con mayonesa o un wrap de pato con salsa de soja.
No concibes que una casa no pueda tener moqueta en al menos una de sus habitaciones.
Vuelves a España y cuando conoces una chica en lugar de darle dos besos le ofreces la mano.
Tienes como mínimo 3 paraguas.
Te resignas y das por hecho que en un baño JAMÁS encontrarás un enchufe.
Ves a grupos de gente disfrazada (especialmente, de superhéroes) cada vez que sales de noche.
El té empieza a ser una bebida normal para ti, y no una especie de brebaje que te tomas sólo cuando te duele el estómago.
Y descubres que hay diferentes tipos, como el Earl Grey.