Se recomienda utilizar las puertas antes de que los niños comiencen a gatear, para que los adultos que viven o frecuentan la vivienda se acostumbren a utilizarlas.
De nada sirve tener puertas si los adultes las dejan abiertas.
Una buena puerta está diseñada para que solamente con la destreza de un adulto se pueda abrir.
Si un niño menor de 2 años la puede abrir, tienes una puerta que no cumple con normas y no es segura.
Las puertas de mala calidad generalmente cierran con un pasador o un broche común.
Una buena puerta se abre realizando dos acciones simultáneas como puede ser correr un seguro y al tiempo alzar la puerta, procedimiento que no puede realizar un menor.
Se pueden utilizar en la cocina, escaleras, chimenea, patio, zona de lavandería, bar, garaje, cuarto de herramientas y en general cualquier espacio en el hogar en donde se quiera evitar que los niños accedan solos.
Deja de utilizar las puertas cuando los niños ya tengan la altura y la destreza para treparse en ellas.
Recuerda que ningún producto va a reemplazar la supervisión de un adulto, pero seguramente te hará más fácil la labor de cuidarlos.
Las barreras se quitan y se ponen, mientras que las puertas abren y cierran.