La instalación de una cerradura inteligente ofrece múltiples beneficios en términos de seguridad y comodidad.
Una de sus principales ventajas es la eliminación de las llaves físicas, lo que reduce el riesgo de extravío y evita la necesidad de realizar copias para diferentes usuarios.
Además, las cerraduras tradicionales pueden ser vulnerables a técnicas como el bumping o la ganzúa, por el contrario, las cerraduras inteligentes emplean cifrado avanzado y autenticación en dos pasos.
Otro punto clave es el control remoto.
A través de una aplicación, los propietarios pueden gestionar los accesos sin importar dónde se encuentren, asegurándose de que la puerta esté cerrada o permitiendo la entrada de familiares o invitados sin necesidad de estar en casa a través de códigos temporales.
Además, muchas cerraduras inteligentes se integran con asistentes de voz como Google Assistant, Amazon Alexa o Apple HomeKit, lo que permite gestionar el bloqueo o desbloqueo de la puerta mediante comandos de voz.
Esta funcionalidad resulta especialmente útil en hogares con un ecosistema domótico, ya que permite automatizar tareas sin necesidad de usar el teléfono.
En términos de ahorro energético, estas cerraduras pueden sincronizarse con otros dispositivos del hogar.
La Linus L2 Smart Lock, por ejemplo, permite activar el modo eco en electrodomésticos, apagar automáticamente las luces y regular la calefacción cuando la puerta se bloquea, optimizando el consumo eléctrico y evitando gastos innecesarios.
Por último, este tipo de cerraduras son una solución eficiente para segundas residencias o viviendas de alquiler, ya que permiten gestionar diferentes accesos sin comprometer la seguridad.
Los propietarios pueden programar entradas temporales para huéspedes o personal de mantenimiento y revocar permisos en cualquier momento sin necesidad de entregar una llave física.