El barniz, normalmente de poliuretano, es un derivado del petróleo que crea una capa tapando los poros de la madera, mientras que los aceites pueden ser minerales o naturales y penetran en la madera rellenando sus poros.
El barniz no necesita mantenimiento, mientras que el aceite hay que volver a nutrirlo, dándole una mano, cada cierto tiempo.
Si rallamos la mesa, el suelo o un objeto barnizado y queremos repararlo, tenemos que decaparlo completamente y volver a barnizarlo.
En cambio, si está aceitado dándole más aceite podemos disimularlo y si no es suficiente lijando la zona rayada y volviendo a aceitar se puede solucionar.
Con el paso del tiempo los barnices igual que todas las resinas amarillean sobre todo si están expuestas al sol o luz solar.
Las maderas aceitadas también cambian de color pero de una forma más natural.
Los aceites o los barnices protegen la madera cerrando los poros, haciéndola semi-impermeable y evitando que entre suciedad y se manche.
Así permite que se pueda limpiar y eliminar manchas de aceite, vino, comida, grasas en general e incluso agua.
Los tratamientos hacen que este efecto de hinchar y mermar disminuya.
Nunca desaparecen, pero si disminuyen.
Los Barnices de última generación utilizan como disolvente el agua y tienen muy bajas emisiones de Componentes Orgánicos Volátiles.
Una de las últimas innovaciones son los barnices ultramates que respetan tanto el color como el tacto a madera.
En aceites también existe mucho desarrollo con distintas protecciones y colores.