Lo primero es conseguir el riel por el que se deslizará la puerta, que no es más que una guía superior que anclamos al tabique.
La medida del riel tiene que ser el doble (por lo menos) de lo que mida la puerta.
Los cabezales son los elementos que enganchan la puerta al riel y deben ser de acero para resistir bien el peso de la puerta.
En estos va insertada una polea o rueda que permite deslizar suavemente la puerta para abrir y cerrar.
Nivelación.
Obviamente, no debes olvidar nivelar el riel y, lo que es más importante, nivelar también la puerta, una vez instalada, tanto abierta como cerrada.
Topes y guía del suelo.
Otro elemento esencial es el tope, que evitará que la puerta siga corriendo.
Habrá que colocarlo en el punto exacto en el que veamos que la puerta queda alineada con el marco o vano y no deja huecos.
La guía del suelo es una pequeña pieza que va anclada al suelo y que puede ser de metal, plástico o PVC.
Su función es mantener la puerta nivelada verticalmente para que esta no se tambalee al abrirla o cerrarla.
Herrajes.
El resto de elementos son los herrajes, que pueden ser funcionales, como el tirador, o puramente decorativos.
Dependiendo del estilo decorativo de tu hogar, podrás escoger herrajes de forja más rústicos o de acero pulido color negro para diseños más modernos.