La iluminación es vital para favorecer la concentración, el estudio y, por lo tanto, el rendimiento final. Si carecemos de una buena luz, es probable que nuestros hijos tengan que forzar la vista, pudiendo llegar a causar fatiga visual y lo peor, esto se puede ver reflejado en una bajada completa del rendimiento de sus estudios.
Por el contrario, si la iluminación es correcta, facilitará el aprendizaje y la lectura será mucho más eficiente.
Unión entre la luz natural y la artificial es algo que no debe faltar en una zona de estudio.
La luz natural es la más adecuada para la concentración y el rendimiento, aún así no siempre se puede contar con la cantidad adecuada y tenemos que recurrir a la luz artificial.
La luz artificial es la mejor solución ante este problema de una baja luz natural.
Una lámpara de sobremesa o un flexo son las alternativas más recurrentes para ayudarnos a desarrollar el estudio de una manera eficiente, sin dañar nuestra vista y aportando esta falta de luz que en ocasiones podemos padecer, sobre todo en los meses de invierno o a altas horas del día.
La habitación suele ser la zona habitual donde los niños realicen su actividad de estudio diaria.
En la mayoría de los casos estos espacios suelen contar únicamente con la lámpara principal, ubicada en la zona del techo, y tendemos a creer que con este tipo de luz general es más que suficiente.
La recomendación es que la habitación pueda tener diversos focos de luz, de tal manera que cuando los niños estén estudiando puedan encender varias, tanto las focalizadas como la de tipo general, y no solo les acostumbremos a un único punto de luz.
La luces más recomendables para favorecer el estudio de tus hijos son las fluorescentes lineales, las fluorescentes compactas y los LED.
Este tipo de iluminación permite una mayor homogeneidad en el espacio y lo mejor, favorecer a la creación de un ambiente agradable.