El camino a recorrer para llegar a ser una sociedad verdaderamente inclusiva es largo y desafiante.
Es necesario que se aborden valores, posturas, comportamientos, incluso el lenguaje.
Pero todo camino comienza con un paso: centrarse en la persona, no su discapacidad.
En la inclusión de la discapacidad, todo germina con una cuestión de actitud.
Las personas precisamos trabajar una serie de valores que son esenciales para transformarnos en personas inclusivas: humildad, empatía y coraje.
Respeto y paciencia.
Se dice que la actitud es el comportamiento que emplea un individuo frente a la vida, hace referencia a la postura que muestra una persona ante una situación.
En una actitud inclusiva, las palabras importan, aquellas que no crean muros.
En esa postura, veo primero a la persona: quién es, sus dones, sus logros.
No me centro en su discapacidad.
Por ejemplo, visualizar primero a la persona y llamarla por su nombre, utilizar las palabras correctas.
Desafiar mitos con respeto y tolerancia, tener valentía y coraje, es decir, asentarse con un comportamiento determinado frente a la vida.