Un entorno seguro, estructurado y estimulante permite elevar la calidad de vida del niño, facilitar su desarrollo y mejorar también la convivencia familiar.
Es esencial considerar un buen aislamiento acústico en las habitaciones.
Esto se puede lograr utilizando:
Ventanas de doble vidrio: Reducen la entrada de ruidos externos.
Paneles acústicos: Se pueden instalar en las paredes para absorber el sonido.
Alfombras y cortinas gruesas: Ayudan a disminuir la reverberación (reflexión de las ondas sonoras en las paredes, suelo y techo de un espacio).
Crear espacios de descanso donde el niño pueda retirarse en momentos de sobrecarga sensorial es fundamental.
Un rincón de lectura o una habitación tranquila con luces suaves y poca decoración puede ser favorable.
Prefiere espacios con diseño de planta abierta, esto puede facilitar la supervisión del niño mientras juega o realiza actividades.
Sin embargo, es importante que estas áreas se estructuren:
Zonas de juego definidas: Utilizar alfombras o tapetes para delimitar áreas específicas.
Mobiliario modular: Permite reorganizar el espacio según las necesidades del niño y su desarrollo.
Señalización Visual: El uso de etiquetas visuales en las puertas y en diferentes áreas de la casa puede ayudar al niño a entender mejor la función de cada espacio, promoviendo la autonomía.
La adecuación de una casa para cubrir las necesidades de un niño con autismo puede ser todo un desafío que, como padres, vale la pena lograr.