En Galicia hemos sufrido durante muchos años las consecuencias de la atroz influencia de la empresa ENCE en nuestro ambiente natural y nuestra economía. La organización se refiere al monocultivo y el comercio de madera de eucaliptos para la manufactura de pulpa, que ha provocado el empobrecimiento y el abandono de comunidades rurales, el abandono de tierras boscosas. El comunicado enumera otras consecuencias de las plantaciones industriales de árboles, como el alto riesgo de incendio, la intensa erosión de las tierras, la pérdida de diversidad biológica y la destrucción de recursos, y la contaminación de arroyos y acuíferos subterráneos por el uso de grandes volúmenes de plaguicidas, así como la pérdida de calidad del paisaje de las zonas ocupadas por sus actividades.
A pesar de todo eso, la empresa obtuvo el certificado del FSC a través de la certificadora SGS, una empresa suiza de inspección, verificación, prueba y certificación cuyas actividades de certificación el FSC suspendió por seis meses en 1997, debido a la controversia a raíz de la certificación de una operación de madereo emprendida por la compañía forestal Leroy, en los bosques de Gabón.
El problema es que el FSC, plenamente consciente del fraude, decidió continuar con esta certificación a pesar de la evidencia cada vez más demoledora de incumplimiento de las normas; por tanto, el FSC da otro paso atrás y se aleja aun más de los objetivos para los cuales fue creado.
En Galicia, el peor sistema de gestión, que favorece la erosión, la pérdida de biodiversidad y la desaparición de usos y recursos forestales, cuente con el certificado del FSC.
Con la certificación de NORFOR el FSC demuestra que su real objetivo es el de proteger un negocio floreciente, y no el de garantizar la autenticidad de las certificaciones y fomentar un sistema de gestión forestal que sea responsable, beneficioso para la sociedad y viable financieramente.
Las empresas forestales solo buscan conseguir el certificado por el valor económico de los beneficios que obtienen con la adquisición del mismo, lo que hace que el FSC lo mantenga a cualquier precio, sin tomar en cuenta el incumplimiento de sus normas.
Ya es hora de que todos y todas sean conscientes de que estar en posesión de la certificación no significa necesariamente que la gestión forestal del titular sea responsable, beneficiosa para la sociedad ni viable financieramente.