Un territorio inclusivo significa un espacio donde el derecho a la ciudad sea un derecho humano para todas las personas, sin distinción de género, edad, raza o condición. La experiencia de habitar un territorio es desigual y depende del cuerpo que lo recorre. El desafío de avanzar hacia ciudades más inclusivas, más cuidadoras, más saludables, más plurales y más participativas, es parte de lo que el concepto “Derecho a la Ciudad” engloba. La incorporación de la perspectiva de género y la interdisciplinariedad son elementos claves en el desarrollo de una mirada crítica y reflexiva, así como para la generación de propuestas. Se busca avanzar hacia un cambio en el modelo de ciudad funcional, incorporando las experiencias y complejidades de la vida cotidiana, y hacía un modelo de ciudad donde se incentive la participación de todos los cuerpos, sea cual sea la edad, el sexo, el color y las habilidades de estos. Para ello, es necesario considerar los marcos analíticos y el conocimiento empírico que orienten el diagnóstico, elaboración y evaluación de instrumentos y proyectos con equidad de género, tomando en consideración componentes socio-territoriales, económicos, culturales, históricos, políticos, de movilidad, habitabilidad, migración, racialidad, expresiones artísticas sociales en la ciudad.