Para crear un espacio de la calma hay que tener en cuenta aspectos generales como la iluminación, los colores, la insonorización del espacio y el tipo de mobiliario.
Se deben incorporar materiales como objetos sensoriales antiestrés, elementos para sentarse cómodamente, materiales táctiles agradables como algodón, lana, terciopelo, masajeadores o instrumentos canceladores de ruido, como unos tapones o cascos.
El aforo debe ser limitado, sin exceder la presencia de siete personas a la vez.
También es muy importante que la duración de la estancia en estas salas esté en torno a 20 minutos, con la flexibilidad que cada persona requiera, y que se pueda acceder a ellas durante el mismo horario del evento o apertura del lugar.
El Grupo de Consultoría Autista recomienda que en los espacios de la calma se cuente con la presencia de 1 ó 2 personas dinamizadoras, a ser posible, con formación en autismo y en primeros auxilios.
También aconsejan que se mantengan unas normas de conducta, como el respeto a los demás, apagar los aparatos electrónicos, permanecer en silencio, etc.
No se puede olvidar que el espacio de la calma debe estar perfectamente señalizado con indicaciones accesibles y claras.
Es recomendable que cuente con apoyos visuales para facilitar la comprensión de todas las personas.