La huella dactilar convive hoy con la huella digital, que puede ser lo mismo o pueden ser dos cosas muy distintas. La primera es griega, de donde pasa al latín y a las lenguas románicas, y la segunda arranca en el latín. Tradicionalmente hemos llamado a la marca del dedo huella dactilar, aunque también podemos calificarla de digital. Los dos adjetivos son correctos. Pero ahora, para ganar precisión, deberíamos ceñir el sintagma huella dactilar a la marca de los dedos, porque huella digital está adquiriendo un nuevo sentido, cada vez más extendido y cada vez más necesario: el del rastro que dejamos en internet, mediante la actividad en webs y redes sociales. Una huella dactilar en un vaso, por ejemplo, es una impresión dactilar, pero también una impresión digital. Ahora, en cambio, necesitamos el sintagma impresión digital para aquello que se imprime mediante sistemas digitales, y haremos bien en reservar la impresión dactilar para la marca que dejamos cuando tocamos un objeto con la yema del dedo. Es decir, dos adjetivos que hasta ahora funcionaban como sinónimos y habían andado juntos cuando se referían a las huellas de los dedos, ahora inician el camino del divorcio para que los hablantes tengamos claro si nos referimos a lo que marcan los dedos (dactilar) o a lo que marcan las máquinas con sistemas que combinan todo tipo de cifras (digital).