La respuesta táctil se trata de la velocidad con la que la pantalla reacciona a los toques sobre ella. Con este aumento del refresco del panel táctil se busca que cuando toquemos la pantalla para dar una orden, ésta llegue cuanto antes al procesador para que se ejecute en el menor tiempo posible. A más hercios en el panel táctil, más comprobaciones por segundo de qué hacemos con los dedos. Al igual que la pantalla se apaga y se enciende múltiples veces por segundo para proyectar nueva información, el panel táctil que está bajo la misma hace algo parecido a la espera de estímulos. Cuando detecta un cambio de presión que identifica como nuestro dedo, envía la orden al procesador, así que cuanta más precisa sea esta detección más rápido irá todo. De ahí que cuando se aumentan los hercios en estos paneles, lo que se aumenta es el número de veces por segundo que el panel comprueba si hay o no presión sobre la pantalla. Es parecido a los niveles de presión de los stylus. Así que de igual forma que ya tenemos interiorizado el concepto de la latencia cuando jugamos a través de Internet, o incluso en local al comprobar el tiempo de respuesta entre la pulsación del mando y el movimiento en pantalla, aquí deberíamos hablar de la latencia táctil de la propia pantalla. Cuánto pasa desde que tocamos en un punto y el teléfono hace algo en consecuencia. La velocidad de respuesta también influye la separación entre el cristal protector de la pantalla y el panel táctil, pues ambos forman un único bloque colocado sobre la pantalla LCD u OLED en sí. Si ambos están muy separados, o si la calidad del cristal no es la adecuada, el toque en la pantalla se entorpece y aunque la lectura del panel táctil sea veloz, se dificulta que éste reconozca el toque en la pantalla. El cristal de la pantalla vuelve a influir en la calidad de esta velocidad de respuesta, pues las rayadudas del cristal dificultan la transmisión del toque de nuestros dedos, casi de igual forma que las rayaduras del cristal protector de una cámara dificulta el enfoque. El cristal (y el panel táctil inferior) pierde flexibilidad o ésta se distorsiona, por lo que un panel táctil de máxima calidad puede no ir tan bien como se espera cuando el cristal que lo recubre está en malas condiciones. Esto, por cierto, también ocurre con la suciedad. Pero no todos los problemas son físicos, también los hay virtuales y ocurren en el propio procesador del teléfono. Pese a que los smartphones se autogestionan de una forma cada vez más eficiente, si tenemos el teléfono sobrecargado con aplicaciones abiertas en segundo plano, el rendimiento del juego al que nos enfrentemos también sufrirá y caerá el rendimiento de los componentes de hardware. Este lag también se manifestará en la velocidad de refresco de un panel táctil cuya función es saber dónde tocas, con qué fuerza tocas y durante cuánto tiempo. Y esto es, en resumidas cuentas, la latencia táctil de una pantalla, o la respuesta al toque, o la velocidad de refresco del panel táctil de la misma. Lo llamemos como la llamemos, todo significa exactamente lo mismo: el número de veces por segundo que el panel táctil se encarga de comprobar qué está pasando. Y a mayor velocidad, mejor para todos.