La tecnología para la inclusión social se refiere a la utilización de avances tecnológicos y la digitalización para impulsar la participación de las personas con discapacidad en la esfera social y laboral. Un 70% de las personas con discapacidad manifiesta que la tecnología ha mejorado su calidad de vida global, facilitando su formación, acceso al empleo, ocio o comunicación. Acciones como la posibilidad de pedir cita médica online, disfrutar de películas o documentales gracias a la opción de audiodescriptor, pedir ayuda tan solo apretando un botón o conocer a otras personas en la misma situación, de otras ciudades y países del mundo, son ejemplos de cómo la tecnología puede mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad. Un 55% de los encuestados opina que si la tecnología avanza, con nuevas herramientas y adaptaciones, su calidad de vida y autonomía podría mejorar aún más. Un 20% de las personas con discapacidad alude a la accesibilidad cognitiva como un gran reto que debe estar presente en las tecnologías de la información, como simplificar las definiciones complejas que emplean estamentos públicos y oficiales en sus páginas web. Un 15% se lleva la tecnología al plano social y las emplearía para erradicar la discriminación, inventar una máquina que borre los prejuicios de las personas o crear un detector de actitudes discriminatorias que enseñe a las personas a superar sus sesgos. Un 36% se decanta por reforzar las adaptaciones tecnológicas ya existentes, mencionando soluciones como una aplicación que transforme imágenes en relieve para que los invidentes puedan visualizar objetos, a través del tacto, o un vehículo capaz de sortear cualquier obstáculo o desnivel para desplazarse por la vía pública. Un 29% apuesta por imponer la Accesibilidad Universal de modo que todos los nuevos productos e innovaciones tecnológicas sean usables por las personas con cualquier tipo de discapacidad.