No se proporciona información explícita sobre cómo se enseña el espacio personal en el autismo, pero se presentan recomendaciones generales para crear espacios de la calma en diferentes entornos sociales y comunitarios. Los espacios de la calma son salas tranquilas donde cualquier persona que lo necesite puede tomarse un tiempo para relajarse.
Muchos espacios públicos y privados siguen siendo entornos hostiles porque no tienen en cuenta las características y necesidades sensoriales de las personas autistas y sus familias. Para crear un espacio de la calma hay que tener en cuenta aspectos generales como la iluminación, los colores, la insonorización del espacio y el tipo de mobiliario.
Se deben incorporar materiales como objetos sensoriales antiestrés, elementos para sentarse cómodamente, materiales táctiles agradables como algodón, lana, terciopelo, masajeadores o instrumentos canceladores de ruido. El aforo debe ser limitado, sin exceder la presencia de siete personas a la vez. También es muy importante que la duración de la estancia en estas salas esté en torno a 20 minutos, con la flexibilidad que cada persona requiera.
El Grupo de Consultoría Autista recomienda que en los espacios de la calma se cuente con la presencia de 1 ó 2 personas dinamizadoras, a ser posible, con formación en autismo y en primeros auxilios. También aconsejan que se mantengan unas normas de conducta, como el respeto a los demás, apagar los aparatos electrónicos, permanecer en silencio, etc. Es recomendable que cuente con apoyos visuales para facilitar la comprensión de todas las personas.
Por último, es muy importante evaluar el grado de satisfacción del espacio y las posibilidades de mejora, mediante cuestionarios personales en lenguaje claro y lectura fácil, en diferentes formatos.