La robótica asistencial abarca desde exoesqueletos y sillas de ruedas inteligentes hasta máquinas de rehabilitación y extremidades biónicas, entre otras muchas aplicaciones. Estos avances no solo les aportan independencia y autonomía, también contribuyen a reducir el estigma social. La robótica asistencial está facilitando la vida de las personas con discapacidad, brindándoles más accesibilidad al mundo que les rodea. Conocidos también como trajes robot o armaduras motorizadas, se adaptan a los movimientos del cuerpo a través de algoritmos inteligentes. Y los hay de cuerpo entero o bien para las extremidades. Estas exoestructuras reemplazan la funcionalidad perdida, tratan problemas musculoesqueléticos, ayudan a los fisioterapeutas con pacientes que padecen discapacidades motoras y cognitivas y ejercitan la locomoción de pacientes hospitalizados. La impresión 3D está ayudando a fabricar dispositivos de asistencia que satisfacen las necesidades de las personas discapacitadas, como prótesis de las extremidades. Y la robótica junto la interfaz cerebro-máquina (o BCI, del inglés Brain Computer Interface) ha dado lugar a manos, brazos y piernas biónicas que se conectan con los nervios. También una mano robótica, diseñada para hablar en el lenguaje de signos, está ayudando a personas con sordoceguera. Los primeros perros guía robóticos están en pleno desarrollo. Detectan espacios y se mueven de forma autónoma identificando a personas y evitando obstáculos mediante tecnologías como lidar, sensores IoT e inteligencia artificial. Andadores inteligentes para personas con movilidad reducida, cámaras robóticas de reposicionamiento, máquinas capaces de vestir a personas, los que lavan el pelo, los que dan de comer, robots que transfieren a personas, por ejemplo, de una silla de ruedas a la cama y muchos otros más robots asistenciales mejoran la vida no solo de las personas con discapacidad, también la de sus cuidadores.