La inclusión está relacionada con la capacidad de las personas para aceptar a los demás y vivir en armonía aceptando las diferencias.
Si la propia comunidad fomenta entornos inclusivos, no habrá barreras y todos estarán incluidos, ya que todos tienen las mismas oportunidades.
La inclusión no se centra en la discapacidad o el diagnóstico de la persona, se enfoca en sus capacidades.
Se basa en los principios de justicia y cooperación.
El concepto de la inclusión acepta a todas las personas tal como son, reconociendo las características individuales de las personas sin pretender acercarlas al modelo "normal" de ser, pensar y comportarse.
La heterogeneidad es normal.
Por ello, se sugiere que la diversidad sea reconocida y valorada como un derecho humano.
La inclusión desde una perspectiva educativa, nació durante la década de 1990 de la mano de la UNESCO, con el objetivo de reforzar la necesidad de diseñar una educación para todos y poder dar respuesta a la diversidad actual en el sistema educativo formal.
La inclusión es una forma de normalizar la situación de las personas con discapacidad intelectual o física, permitiéndoles trabajar en el mismo espacio que las personas sin discapacidad intelectual o física.
La inclusión reconoce que la diversidad en la condición humana no es solo un hecho, sino un derecho que debe ser respetado en todos los niveles.
No existe un trato especial para todos, sino un trato igualitario, independientemente de sus cualidades o cualidades.
La inclusión representa la alianza de la comunidad, la educación, la cultura, el deporte y el empleo para que todos tengan las mismas oportunidades de mejora y calidad de vida.
El sistema social debe ser único y cada persona, sean cuales sean sus capacidades o habilidades, debe recibir el apoyo que necesita para poder desarrollar todo su potencial.