El pasillo de nuestra casa o piso cumple la función de ser una zona de tránsito, permitiendo el desplazamiento hacia las habitaciones o baños.
Facilita el tránsito para todos: los pasillos nos ayudan a caminar de una habitación a otra, facilitando incluso la accesibilidad de personas con movilidad reducida.
Mejora la circulación del aire y de la luz: estas largas zonas de nuestro hogar también permiten que el aire y la luz (natural o artificial) circule hacia los dormitorios, lavabos y otras habitaciones conectadas a él.
Aporta sensación de amplitud: el color, la iluminación y, sobre todo, la anchura del pasillo debería aportar sensación de amplitud para evitar claustrofobia.
Según la normativa, el ancho mínimo de un pasillo es 90 centímetros, pero la realidad es que 90 centímetros en muchos casos es un poquito justo, afirma el arquitecto Pablo Borraz.
Mi consejo es ir al menos, siempre que se pueda, a 1 metro.
Esto diez centímetros de ganancia van a permitir tener una mayor maniobrabilidad a la hora de introducir objetos por las puertas hacia las habitaciones y, además, según como sea el pasillo, un metro es menos claustrofóbico.
Si tu caso es que estás haciendo una casa muy grande, y no te importa perder un poquito más de espacio, puedes ir a 1,10 o 1,20 metros.
Esta medida cumplirá con los puntos que debe tener un buen diseño de pasillo y, además, te permitirá convertirlo en un espacio funcional, a través de muebles y decoración que vaya con tu estilo y el de tu casa.
Coloca estanterías o muebles auxiliares para almacenar toallas o ropa de cama.
Integra un banco para tener una zona de lectura.
Cuelga cuadros o fotografías familiares.