Según Piaget, el padre de la psicogenética, el aprendizaje se produce en la acción y es fruto de la interpretación que nuestro cerebro hace de lo que ocurre y cómo se adapta a ello. Al principio los movimientos son apenas una serie de reflejos innatos que nos acompañan. Con el tiempo, los reflejos se transforman en comportamientos repetitivos simples y poco a poco se van haciendo más complejos. En este contexto, la repetición del comportamiento es muy importante. Un bebé aprende a agarrar una pelota pequeña con una sola mano gracias a que el bebé agarra la pelota muchas veces. Si luego le damos una pelota más grande, el bebé tendrá que acomodar ese aprendizaje a una nueva situación. Habréis oído hablar de los esquemas de acción, que son aprendizajes adquiridos que sirven de base para nuevos aprendizajes y que se modifican y adaptan. Esto explica porqué los bebés y niños hacen ciertos comportamientos de forma repetitiva, están aprendiendo. También explica porque dejan de hacerlos para pasar a nuevos comportamientos. Los movimientos repetitivos pueden ser funcionales o no, y es importante distinguir entre estereotipias y comportamientos adaptativos. Es importante acompañar a los niños en su proceso de aprendizaje, respetando su momento y sin forzar acciones, y facilitar su proceso de aprendizaje disponiendo el espacio, el tiempo y los recursos necesarios. La repetición es fundamental en el aprendizaje de los niños, ya que les permite desarrollar y consolidar nuevos comportamientos y habilidades. Los juegos de repetición son una forma natural de aprendizaje para los niños, y es importante permitirles explorar y experimentar de manera autónoma. Algunos ejemplos de juegos de repetición incluyen abrir y cerrar, lanzar y dejar caer, insertar, golpear, conectar, delimitar, envolver, hacer rodar y mover cosas. Es fundamental recordar que no debemos forzar acciones y que son los niños mismos los que deben ir progresando y adquiriendo nuevos comportamientos.