El trastorno del espectro autista se diagnostica entre 2 a 3 años de edad.
El médico especialista explica que se realiza una evaluación clínica que comprende armar una historia clínica minuciosa, de acuerdo con los criterios diagnósticos del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, que incluyen entrevista exhaustiva a los padres, observación de la conducta del niño y evaluación mediante videos acerca de la conducta y actividades del niño en su entorno.
En algunos casos, podría considerarse evaluar la sintomatología mediante el uso de pruebas como ADI-R y ADOS-2; además de realizarle al niño evaluaciones de audición, del lenguaje, del nivel de desarrollo o nivel intelectual, del área social y de conducta.
Refiere que para el diagnóstico hay que acudir al neuropediatra, al neurólogo con experiencia en niños o al psiquiatra infantil.
Según el DSM-V, el TEA es un trastorno del neurodesarrollo de inicio en la infancia, caracterizado por deficiencias persistentes en la comunicación social, la interacción social, patrones restrictivos y repetitivos de comportamientos, ecolalias y expresiones de frases inusuales.
Asimismo, el niño puede presentar intereses anormales en intensidad y sensoriales a sensaciones y estímulos del medio ambiente.
El TEA puede estar asociado, en algunos casos, con trastornos en el lenguaje o compromiso cognitivo, entre otros.
Desde la aprobación del DSM-5, en el 2014, los diferentes trastornos del espectro autista, incluidos el trastorno autista, síndrome de Asperger y trastorno generalizado del desarrollo no especificado, entre otros, desaparecen para quedar todos englobados en una única nomenclatura de trastorno del espectro autista.
Levi Flores sostiene que existen tres niveles de severidad del TEA, grado 3 están los que necesitan “ayuda muy importante” porque no logran ser independientes; grado 2 están los que logran cierto grado d independencia y grado 1 están los que si logran a llegar a ser independientes.