Para abrir la puerta, introduce entre esta y el marco una tarjeta, moviéndola de lado a lado. Si este método no funciona, pasa a una solución alternativa. Introduce la tarjeta en el hueco que hay entre el pomo de la puerta y el marco, y deslízala hacia abajo junto al pestillo. Empújala hacia dentro todo lo posible, formando un ángulo de noventa grados con la puerta. Consejo: para localizar el marco de la puerta con más facilidad, empuja la puerta hacia atrás todo lo posible con la otra mano. Inclina el borde de la tarjeta de crédito mirando hacia ti en la dirección del pomo, hasta que casi lo toque. Así, podrás introducir mejor la tarjeta de crédito en el hueco que hay entre la puerta y el marco. Al doblar la tarjeta en la otra dirección, conseguirás que se deslice por debajo del borde inclinado, forzándola a penetrar en la puerta. Abre rápidamente la puerta y fuerza el pestillo por el otro lado. Si la puerta no se abre fácilmente, prueba a apoyarte contra esta mientras doblas la tarjeta hacia detrás y hacia delante unas cuantas veces. De esta forma, aplicarás más presión sobre el pestillo, que debería acabar cediendo.