Las bombillas LED regulables nos permiten jugar con la potencia de la luz emitida creando ambientes diferentes, al cambiar la apariencia visual y el estado de ánimo que transmite el espacio.
En importante resaltar que además de la propia bombilla necesitamos un dimmer (regulador) para poder ajustar la intensidad de luz.
Asimismo, existen productos para poder controlar el tono de la luz, lo que nos permitirá crear una atmósfera perfecta en el hogar.
Las bombillas que funcionan con electricidad continua de forma nativa siempre son regulables.
Por su parte, las bombillas que llevan un driver para convertir la electricidad alterna, como los LEDs, se han de fabricar expresamente para que se puedan regular.
En caso contrario podemos tener problemas de parpadeo, de regulación incorrecta o incluso dañar las propias bombillas.
Para evitar cualquiera de estos problemas es muy recomendable cambiar no sólo las bombillas, sino también el regulador y eliminar, si existe, el transformador de 12V y optar por luminarias que funcionen directamente a 220V.
El parpadeo es algo inherente a la combinación de la fuente de luz y la electrónica que lleva asociada.
El primero es por la propia carga mínima del regulador que puede ser demasiado elevada para que “detecte” correctamente las bombillas, sobre todo cuando regulamos por debajo del 50% de intensidad.
También puede ocurrir que nunca podamos bajar la intensidad de luz debajo de un determinado umbral debido a la poca carga que tenemos con las bombillas LED regulables.
El segundo motivo y el más común es la incompatibilidad del dimmer con las luminarias LED.
Esto ocurre sobre todo al actualizar solamente las bombillas, dejando el controlador existente.
De hecho, si el regulador preexistente funciona por pulsos puede llegar a dañar el driver interno de las bombillas LED regulables, dejándolas inservibles.
Repartir las bombillas de una estancia entre más de un dimmer nos proporciona un mayor control, permitiéndonos ajustar los niveles de luz por zonas y crear un espacio multifuncional.