Las puertas cortafuegos deben contar con determinadas características para cumplir con su función de manera óptima.
Aislamiento.
Ambas hojas de las puertas no deben permitir que el fuego las traspase, evitando de esta manera que el calor y el fuego se expanda.
Resistencia.
Las puertas cortafuegos deben tener un tiempo de resistencia de 30 y hasta 120 minutos.
Este tiempo de resistencia es muy importante que se respete, ya que está indicado en la normativa UNE EN 16034:2015 de fabricación y diseño de puertas cortafuegos.
Integridad.
Es importante que las hojas de la puerta queden bien cerradas para evitar la expansión del fuego, ya sea por el escape de humo o llamas.
Durabilidad.
El autocierre de este tipo de puertas no debe presentar defectos o averías por la cantidad de veces que se abren o cierran al día.
En este punto, deben contar con la ligereza, la velocidad y la fuerza apropiada para su correcto uso y así prolongar su vida útil.
Las puertas cortafuegos también tienen que poder abrirse fácilmente desde el interior del edificio, ya que son una salida en caso de emergencia.
Por lo que no se deben cerrar con llaves.
Las puertas cortafuegos también tienen que estar señalizadas con los instrumentos indicados en la normativa de seguridad para este tipo de instalaciones.
Los materiales utilizados para la fabricación de puertas cortafuegos deben ser resistentes al fuego, al igual que las bisagras y cerraduras.
Estas puertas suelen estar fabricadas con fibra, cerámica y acero, recubiertas con planchas aislantes de calor.
A su vez, es necesario que estén recubiertas por materiales aislantes que eviten que la puerta se caliente y produzca quemaduras al abrirla.
Por otra parte, deben contar con un sistema de bloqueo automático para que las personas no puedan volver a ingresar al edificio en caso de incendio.
Respecto a su tamaño, estas puertas deben garantizar el fácil acceso de sillas de ruedas, camillas y equipamientos del servicio de urgencia.