La inclusión de toda la sociedad pasa por conseguir la accesibilidad de las personas, incluidas aquellas con discapacidad visual, en cualquier espacio.
Actualmente, las principales barreras a las que se enfrentan las personas con discapacidad visual son las de comprensión de la información y las de acceso físico.
Por un lado, encuentran dificultades para moverse por espacios desconocidos y localizar diferentes puntos dentro de ellos.
Con lo cual, les resulta mucho más complicado interactuar no solamente con el propio entorno, sino también con las personas, lo que puede hacer que se sientan aislados del mundo, con los efectos negativos que esto implica para su salud y bienestar.
Hace unos años, la accesibilidad se relacionaba casi exclusivamente con la necesidad de suprimir las barreras físicas, consideradas como las causantes de este tipo de problemas.
Sin embargo, este concepto ha ido evolucionando y, hoy en día, la persona y su entorno son entendidos como un conjunto indisoluble, por lo que se considera que el espacio en el que se mueve tiene que garantizar y normalizar sus desplazamientos.
En este sentido, empresas como Databraille ofrecen numerosas soluciones para adaptar espacios tanto exteriores como interiores, de manera que las personas con problemas de visión puedan sentirse cómodas y seguras y disfrutar de una mayor autonomía.
La visión nos permite interpretar rápidamente todo lo que nos rodea y controlar el espacio, lo que resulta clave para desplazarse de forma segura y autónoma.
En el caso de las personas con discapacidad visual, estas capacidades tienen que ser complementadas o sustituidas por habilidades que se apoyen en otros sentidos.
En esta línea, es indispensable que los espacios apliquen medidas que favorezcan la orientación, la localización de objetos y lugares de interés, reducir los riesgos y avisar sobre los potenciales peligros que pueda haber en el entorno y obtener la información necesaria de manera fácilmente comprensible.