El sistema táctil es el más conocido de los tres sistemas sensoriales básicos.
Corresponde a la habilidad del cerebro de recibir e interpretar estímulos surgidos a través del contacto con la piel.
Es el órgano sensorial que marca el límite entre nosotros y el entorno.
El sistema táctil madura: Control motor grueso y fino.
Desarrollo emocional y social.
Esquema corporal.
Funciones oro-motoras.
Localización táctil.
Discriminación táctil.
Podemos reducir el ruido si somos sensibles, pero no podemos evitar recibir información táctil durante el día; niños/as con hipersensibilidad al tacto pueden acumular irritación de todos estos estímulos que les resultan desagradables, dificultando mucho su participación en el día a día y su desarrollo emocional.
Algunas maneras de introducir estos estímulos en el día a día de forma agradable, para acostumbrarnos y que estos inputs no tengan tanto impacto, son: Arena mojada con agua: esto es perfecto en verano, ofrece muchas posibilidades de construcción y manipulación, la arena mágica que podemos encontrar en muchas jugueterías también funciona muy bien.
Hacer masa de pan, tartas o empanadillas, por ejemplo, cosas en las que necesitemos pringarnos las manos, y con un aliciente extra porque ¡luego podremos comernoslas!
Macarrones, lentejas o estrellitas para la sopa: podemos hacer collage o llenar botes y tener que buscar cosas dentro como si de un tesoro se tratara.
Pintar con los dedos.
Jugar con peluches de diferentes tejidos y texturas.
Si las sensaciones comienzan a abrumarnos podemos utilizar el tacto profundo, aquel que conseguimos con un fuerte abrazo, para reducir el impacto de los estímulos agresivos.
Por ejemplo, si estamos pintando con los dedos y el niño empieza a mostrar signos de nerviosismo podemos pedirle que nos deje sus manos, y mientras las rodeamos con las nuestras, apretando, las deslizamos desde las muñecas hasta la punta de los dedos, como si quisiéramos escurrir toda la pintura.
Este es un ejemplo de tacto profundo, pero también lo podría ser jugar a una guerra de cojines o echarse encima un par de mantas gruesas.
Para identificar correctamente estas dificultades, y desarrollar un plan de tratamiento efectivo, una terapeuta ocupacional formada en integración sensorial es nuestro mayor aliada.