El juego y aprendizaje se encuentran estrechamente relacionados.
Durante el aprendizaje de enseñanza, quienes están cursando la carrera de educación inicial comprenden mejor esto, pues parte de su formación académica incluye el estudio de la metodología del juego infantil.
Al jugar los niños aprenden qué funciona y que no, para hallar posibles soluciones a través de su propia experiencia.
Al jugar, los niños pueden explorar diferentes experiencias, soluciones y roles.
Por ejemplo, al probar mezclar colores para saber qué ocurre al combinarlos.
Por ejemplo, al jugar a las escondidas, pueden desarrollar habilidades de atención, planificación estratégica y coordinación física mientras interactúan con otros y exploran diferentes lugares.
Por ejemplo, cuando los niños juegan con bloques formando torres, pueden descubrir que unir ciertas piezas brinda más estabilidad a la estructura que están construyendo, que otras.
Cada logro alcanzado durante el juego, ya sea resolver un rompecabezas o completar una actividad, refuerza la autoestima del niño y su motivación intrínseca por aprender y explorar más.
Juegos que implican movimiento físico, como correr, saltar o atrapar objetos, contribuyen al desarrollo de habilidades motoras gruesas y finas, mejorando la coordinación y el equilibrio.
Al jugar los niños no son simples espectadores de lo que sucede; sino que se vuelven actores de dichas acciones.
Esto involucra que desarrollen una serie de habilidades en conjunto, según las demandas de los diferentes tipos de juegos educativos.