El suelo es la capa fértil que recubre la superficie terrestre y se compone de elementos sólidos, líquidos y gaseosos.
Las partículas sólidas están formadas por minerales, restos orgánicos y microorganismos.
Los suelos son fundamentales para la vegetación que se cultiva o se gestiona para producir alimentos, fibras, combustibles o productos medicinales.
Un suelo evolucionado, que puede haber tardado en desarrollarse miles de años, podría ser degradado en profundidad tras pocos años de uso agrícola inadecuado.
La erosión, salinización, compactación, acidificación, contaminación química y agotamiento de nutrientes son las principales causas de degradación del suelo.
Unos suelos sanos son la base para la producción de alimentos saludables.
Los suelos son un recurso no renovable, su conservación es esencial para la seguridad alimentaria, el mantenimiento de los ecosistemas y un futuro sostenible.
Los suelos y los organismos que viven en ellos ofrecen una multitud de servicios como la descomposición de residuos, liberación de nutrientes, la mejora de la estructura del suelo y la biodegradación de los pesticidas y otros productos químicos.
El 95% de nuestros alimentos viene de ellos.
El suelo debe ‘competir’ con edificios, carreteras y vertederos y, por si esto fuera poco, es vulnerable a la contaminación y a los efectos del cambio climático.