Un suelo sano es la base para la agricultura y el medio en el que crecen casi todas las plantas de las que obtenemos alimentos. De hecho, se estima que el 95% de nuestros alimentos se produce directa o indirectamente en nuestros suelos. Un suelo vivo y sano es un aliado crucial para la seguridad alimentaria y la nutrición. Los suelos sanos son la base para la producción de alimentos saludables. Los suelos no son un mero soporte, sino que funcionan como un sistema vivo, mantenidos por una comunidad variada de organismos que ayudan a controlar las enfermedades de las plantas, insectos y malezas, formando asociaciones simbióticas beneficiosas con las raíces, reciclando nutrientes esenciales para las plantas. Los hongos, junto a las bacterias, son responsables de la descomposición de la hojarasca y a menudo están vinculados a ciertas especies de plantas, como se detecta fácilmente en los hongos del bosque, normalmente asociados a un tipo determinado de árbol. La hojarasca producida por las diferentes especies de plantas difiere en composición y calidad, y los microbios del suelo están adaptados a ese tipo de hojarasca, descomponiéndola fácilmente. Desde el punto de vista agrícola la comunidad de seres vivos actúa mejorando la estructura del suelo con efectos positivos aumentando la capacidad de retención de agua y nutrientes, y en última instancia favoreciendo la producción agrícola. Los suelos sanos pueden contribuir a la mitigación del cambio climático, manteniendo o aumentando su contenido de carbono.