La ergonomía laboral se centra en adaptar el entorno de trabajo a las capacidades y limitaciones del trabajador, con el objetivo de prevenir los trastornos musculoesqueléticos y mejorar la productividad. Estos trastornos incluyen afecciones como el síndrome del túnel carpiano, tendinitis y lesiones de espalda, que representan una parte significativa de las lesiones laborales en EE. UU. Aunque la Occupational Safety and Health Administration no cuenta con una norma ergonómica específica a nivel federal, la Cláusula de Deber General del Acta de Seguridad y Salud Ocupacional exige que los empleadores proporcionen un entorno de trabajo libre de peligros reconocidos, incluidos los riesgos ergonómicos. OSHA puede emitir citaciones por peligros ergonómicos bajo esta cláusula, especialmente si se demuestra que el empleador no ha tomado medidas razonables para mitigar dichos riesgos. La adopción de prácticas ergonómicas conlleva múltiples beneficios, como la reducción de lesiones, la mejora de la productividad, el ahorro económico y el cumplimiento legal. La ergonomía es una inversión estratégica en la salud y productividad de los empleados, y las normas y directrices desarrolladas en los Estados Unidos ofrecen un marco valioso que puede ser adaptado por trabajadores españoles en EE. UU. para mejorar sus entornos laborales.