La luz azul forma parte de la luz visible.
La luz azul-violeta es la que tiene una longitud de onda más corta, pero con más energía.
Esta luz puede provocar fatiga, cataratas y estrés visual, además de Degeneración Macular Asociada a la Edad, que es una de las principales causas de ceguera en el mundo.
También afecta negativamente a las células de la mácula, un tejido sensible a la luz situado en el fondo del ojo, cuyas células no se regeneran.
La luz azul puede provocar irritación ocular, cansancio, pesadez o falta de concentración.
Es importante también para la correcta percepción de los colores y para tener una buena agudeza visual.
A pesar de que existe un tipo de luz azul que no es perjudicial para la salud, la luz azul-violeta ha provocado daños irreversibles en los ojos en poco tiempo.
Un ejemplo de este tipo de luz azul serían las pantallas de móviles, tabletas, ordenadores o la luz visible de los LED.
El uso de luces LED y dispositivos electrónicos se han multiplicado en la última década.
La rápida irrupción de los dispositivos electrónicos que emiten luz azul en la vida diaria de las personas se ha producido de forma muy precisa y en poco tiempo.
Entre las acciones que puedes hacer para proteger tu vista de la luz azul están: Utilizar un filtro para la luz azul en tu dispositivo móvil, ordenador o tablet para evitar que grandes cantidades de esta luz lleguen a los ojos.
Usar gafas que bloqueen un porcentaje de luz azul para reducir el índice de células en la retina que se degradan o mueren.
Utilizar gafas pensadas para reducir la fatiga visual que causa el estar todo el día pegado a una pantalla electrónica y a la luz azul.
Comer fruta y verdura ricas en antioxidantes.
Por ejemplo, el kiwi, las uvas rojas, la naranja, el mango, el maíz, las espinacas, el calabacín o la calabaza.