El uso de burletes es la primera opción que podemos usar para impedir la entrada de frío. Se suelen usar cuando en la zona inferior de la puerta hay un espacio excesivo con el suelo y basta con comprar un accesorio de este tipo para que la puerta quede mejor aislada. Un burlete es una pequeña banda, que puede estar fabricada en silicona, plástico o cualquier otro material flexible. Normalmente incluyen un adhesivo que permite pegarlos a la puerta y son un accesorio muy barato que podemos encontrar en tiendas de bricolaje y ferreterías de barrio. Además podemos buscar el color que más se adapte a la tonalidad de la puerta para así no crear un parche cromático. Junto a los burletes, también podemos usar otro método que nos permite aislar la puerta usando una cortina o panel acústico o de espuma. No es tan barato como el anterior solución, pero este tipo de aislamiento impide la pérdida de temperatura en el piso. Otra opción, la tercera del listado, es usar pintura aislante térmica y acústica. Conocida cómo pintura cerámica, es una pintura acrílica que se puede aplicar en paredes y puertas. Esta tiene como característica el uso de microesferas huecas de cerámica o de vidrio que ayudan a romper el choque térmico. Con la pintura aislante lo que hacemos es evitar las pérdidas del calor que existe en la vivienda y al mismo tiempo aislarla del exterior. Un paso por encima en lo que se refiere a precio están las mantas acústicas y telas absorbentes. Fabricadas a base de fibra de vidrio, lana mineral, celulosa, vinilo o algodón reciclado. Estas al mismo tiempo que absorben el sonido, permiten crear un aislamiento en la puerta de estancia en la que están colocadas. Con cualquiera de estos métodos podemos impedir que el frío de la calle entre en casa y al mismo tiempo mejorar el aislamiento, favoreciendo que el calor que hemos generado en el hogar se conserve.