Lo que nos queda en ese caso sí que es trabajar con lo que hemos comentado antes, con esa relación de mezcla.
Esa relación entre el oxígeno y el producto inflamable que tenemos.
De forma que, por ejemplo, imaginemos en un almacenamiento un contenedor modular para productos inflamables.
Lo que se puede hacer es aportar oxígeno mediante ventilación y de esa manera reducimos el riesgo.
En el caso de que esto nos parezca insuficiente o incluso como añadido que nunca está de más.
También lo que tenemos que hacer es el segundo paso, que sería controlar los focos de ignición, es decir, actuar sobre el otro lado del Triángulo de Fuego.
Esto es, por ejemplo, evitar que nuestras zonas en las cuales tenemos productos inflamables estén próximas a zonas como cuadros eléctricos, chispas, zonas en las que puede haber metales chocando entre sí, porque eso nos puede generar obviamente el incendio.
Y en el caso en el que todavía queramos poner un nivel extra de seguridad, o en los casos en los que no tengamos total control sobre los dos anteriores pasos, lo único que nos quedaría es controlar o llevar a un nivel inocuo la explosión en el caso de que ocurra.
Los peróxidos orgánicos son un producto que, además de generar una zona con riesgo de incendio o explosión, son productos muy sensibles a la temperatura, al calor, a focos ignición, al polvo, a la suciedad, etc.
Entonces hay mucha probabilidad de que se produzca una descomposición o un riesgo con estos productos.
En esos casos, si no podemos controlar que no ocurra esa explosión, lo que nosotros hacemos en nuestros contenedores modulares es reducir a un nivel inocuo esa explosión, generando una zona en la cual la explosión pueda evacuar.
Para eso colocamos unos dispositivos de descompresión de emergencia en la parte superior de los contenedores, de forma que en caso de que se produzca esa explosión se liberaría por el techo.
Eso lo que hace es redirigir la explosión a una zona controlada para proteger, por ejemplo, a un operario andando cerca porque va a librarse por la parte superior.
En el caso de que no hubiéramos puesto eso, por ejemplo, la parte débil hubiera sido la puerta y podría salir despedida y provocar un accidente de mayor envergadura.
Resumiendo, para establecer un protocolo, lo primero sería intentar eliminar la zona de riesgo, en segundo lugar, controlar los posibles focos de inicio que tengamos cerca y en tercer lugar, por si acaso ocurre algo por si lo anterior no lo podemos controlar del todo, reducir a límites aceptables a un nivel inocuo, ese riesgo que tenemos.