Se necesitan perfiles con conocimiento de los procesos de prevención de enfermedades en edad avanzada, el cuidado de la memoria y las capacidades cognitivas, pero también del propio proceso de envejecimiento y las consecuencias sociales del mismo, con el objetivo de ayudar a los mayores a permanecer integrados en la sociedad.
El modelo de atención centrada en la persona se pretende proteger a la persona mayor y, además, proveerla de apoyos para favorecer la máxima autogestión y vida independiente.
El envejecimiento activo es el modelo a seguir.
Los profesionales del sector deben estar más capacitados puesto que tienen un rol diferente al tradicional, pasando del paternalismo al apoyo de la autonomía personal.
Deben ser expertos capacitadores, acompañantes, veladores de derechos y buscadores de habilidades relacionales con la escucha activa, la comunicación o saber identificar y proporcionar oportunidades y apoyos capacitadores.
Los centros residenciales de mayores y otros recursos gerontológicos forman una red de servicios cuyo objetivo es la atención de las diversas demandas de los usuarios que los utilizan.
La actualización de la normativa que afecta a este tipo de centros es constante; se revisa periódicamente para mejorar los mecanismos de control de la calidad de los servicios.
Todas estas nuevas normativas exigen la profesionalización tanto de las personas que dirigen los centros como de todo el equipo multidisciplinar que trabaja en él: psicólogos, educadores sociales, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas…