Ayuda a la reconexión de las personas con la realidad que les rodea, a través de la estimulación de los sentidos.
El objetivo principal es favorecer la sensación de bienestar a través de sonidos, luces, colores, olores y experiencias táctiles ayudándoles a relacionarse con su entorno, su cuerpo y su propio ser.
La terapeuta, utilizando unos materiales dirige la actividad, aplicando estímulos para que la persona sea consciente del entorno y actue sobre los diversos materiales, modificando los estímulos de la sala.
La estimulación sensorial comienza con la recogida de información a través de los sentidos.
Ésta llega al sistema límbico provocando que el sujeto se ponga en alerta y desencadena una serie de estímulos que predisponen al trabajo de las funciones superiores.
Estímulos tan básicos como un aroma y una canción que evoquen recuerdos o una luz en movimiento que despierte su curiosidad suponen un gran avance;
sobre todo, porque también invitan al usuario a escoger qué elemento de su entorno hace que se sienta mejor o más cómodo, lo que aporta una información valiosa a sus cuidadores.
Se aúnan el enfoque “Snoezelen”, que proviene de los términos explorar soñar, y la teoría de la Integración Sensorial de Jean Ayres.
Estas acciones terapeuticas buscan el despertar sensorial, favoreciendo la comprensión de nosotros mismos, de los otros y del entorno, a través de estímulos y actividades significativas.
Varios estudios demuestran que las personas mayores con deterioro cognitivo o demencias como el alzheimer, se pueden conseguir la mejora de la conducta y el humor, una disminución de la apatía, una atenuación de las alteraciones conductuales y la disminución de la ansiedad gracias a participar en estas sesiones de estimulación multisensorial.